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Diario La Razón, noticias de actualidad nacional e internacional. Toda la información de ultima hora y especialistas en opinión, toros y religión. El 6 de octubre de 1934, tres años después de la fundación de ERC y en medio de un clima enrarecido de huelgas y desórdenes, Lluís Companys anunció la creación del Estat Catalá desde el balcón de la Generalitat vulnerando así el orden constitucional y hundiendo una estocada mortal a la Segunda República española. La insurreción fue sofocada en un solo día https://www.larazon.es/cultura/companys-el-estado-catalan-que-se-proclamo-a-traicion-NI15953709 c07970b1-04b7-4748-a119-231c61aacbe9 Sat, 09 Sep 2017 22:16:04 GMT Fri, 21 Dec 2018 16:30:00 GMT Sun, 22 Sep 2019 09:44:00 GMT Por Defecto La Razón - Diario de Noticias de España y Actualidad Historia Papel Jorge Vilches

En marzo de 1931 nació Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Francesç Macià, su líder, consiguió aunar a fuerzas separatistas y catalanistas en un único movimiento nacional. En cuanto se conoció el resultado de las elecciones municipales, Lluis Companys irrumpió en el ayuntamiento de Barcelona en el mediodía del 14 de abril. Entró en el despacho del alcalde, monárquico, y le anunció que tomaba posesión del consistorio para proclamar la República. Así lo hizo desde el balcón, sin resistencia alguna. Macià entendió que aquello carecía de fuerza política suficiente para negociar con los partidos republicanos que habían constituido en Madrid el Gobierno Provisional. Esa misma tarde, Macià rectificó a Companys. Le sustituyó por el separatista Aiguader y proclamó la República Catalana de la Federación Ibérica.

Aquello era una traición al Pacto de San Sebastián que los catalanistas habían firmado con los republicanos. A pesar de esto, el Gobierno Provisional negoció con Macià la renuncia a la independencia a cambio del privilegio de convocar una asamblea catalana que elaborara su Estatuto de Autonomía antes de que se redactara la Constitución de la República. Ese acuerdo condicionó el desarrollo constitucional del régimen, enturbió las relaciones entre los partidos y alteró las reglas del juego político.

Luchas callejeras

ERC era una coalición de circunstancias en la que pronto saltaron las desavenencias. A la muerte de Macià, en diciembre de 1933, Companys fue elegido presidente de la Generalitat no sin grandes suspicacias internas. Al tiempo, se crearon las Joventuts d’Esquerra-Estat Català, lideradas por Josep Dencàs y Miquel Badía, quien dirigía la Comisaría de Orden Público y al que llamaban Capità Collons, inspiradas en los Camisas Negras del fascismo italiano. Las luchas callejeras entre estos «escamots» y los anarquistas –a quienes consideraban «invasores» por ser inmigrantes– banalizaron el uso de la fuerza.

Companys quiso recuperar la unidad interna de ERC señalando a un enemigo común: el gobierno de la derecha, el de Samper, republicano radical. Aprovechó para ello el conflicto entre propietarios y «rabasaires», y presentó una Ley de Contratos de Cultivo en marzo de 1934 que permitía a los campesinos convertirse en propietarios de la tierra que trabajaban. El Gobierno presentó un recurso ante el Tribunal de Garantías Constitucionales, quien anuló dicha ley declarando incompetente al Parlamento de Cataluña en materia social agraria.

ERC habló entonces de un ataque a Cataluña y a la República, y auspició un «pronunciamiento civil» de protesta y desobediencia que concluyó con un desfile de masas el 29 de abril de 1934. Los periódicos «La Humanitat» y «L’Opinió» publicaron editoriales llamando a la insurgencia contra el gobierno de la República. En Madrid, los diputados de Esquerra abandonaron las Cortes. Companys nombró entonces a Dencàs consejero de Gobernación, quien organizó a los Mossos d’Esquadra –poco más de 300 hombres– y al Somatén –unos 3.000– al modo de un «ejército catalán».

Los ánimos estaban tan exaltados, la violencia verbal era tal y las movilizaciones callejeras tan frecuentes, que Companys fue abucheado en la Diada de septiembre de 1934 por los separatistas al entender que era «poco catalanista», y su retrato «fusilado» en el Centro del Estat Català de la calle de Las Cortes. A pesar de esto, Companys se sumó a la deriva revolucionaria de socialistas y republicanos de izquierdas.

Samper dimitió el 1 de octubre porque la CEDA le retiró su apoyo parlamentario. Alcalá-Zamora, presidente de la República, nombró un gobierno presidido por Lerroux, quien contó con algunos miembros de la CEDA. Este hecho legal fue utilizado por el PSOE de Largo Caballero y los republicanos de izquierdas para llamar a la revolución. Companys y Azaña, que había calificado el nombramiento de «traición», se reunieron el 4 de octubre. «La Humanitat», diario fundado por el jefe de ERC, publicó el 5 de octubre un editorial que terminaba diciendo: «¡En pie de guerra, Cataluña!». Ese mismo día, la Generalitat organizó una huelga general con manifestación final en la que se reclamó la República catalana. El golpe estaba preparado.

Barcelona se despertó desierta el 6 de octubre. El cuartel general del Ejército quedó incomunicado. A Barcelona llegaron camiones con armas y municiones que Badía repartió entre los «escamots», que en número de 4.000 formaron en la Plaça Universitat. Badía pasó revista a sus tropas desde un automóvil descapotable con una ametralladora al hombro. Dencàs anunció por radio sobre las 12:30 horas que la Generalitat militarizaba Cataluña para prevenirse contra la FAI, lo que era falso. Las emisoras barcelonesas de radio repitieron dicho mensaje cada 15 minutos, alternando «Els Segadors» con «La Marsellesa».

El general Batet y el delegado del Gobierno en Cataluña, Carreras Pons, se entrevistaron con Companys en su despacho a las 15:30. Batet pidió que restableciera las comunicaciones y el tráfico ferroviario, y le advirtió de su imprudencia. Companys contestó que haría guardar el orden, despidió al militar y se reunió con su gobierno. Los consejeros Dencàs y Gassol estaban decididos, no así Barrera y Coromera, que dudaban, y otros tres que no querían dar el golpe. Finalmente decidió Companys con una fórmula intermedia: el Estado catalán en la República federal española. A partir de ahí las emisoras de radio no dejaron de repetirlo.

La Alianza Obrera, compuesta por marxistas y anarquistas, marchó en la Plaza de la República cerca de las siete de la tarde. «Volem armes», «Mori Lerroux» y «Mori Cambó» gritaban, para luego entonar «La Internacional» y «Els Segadors». Entonces, un grupo colocó «la estelada» en el centro de la plaza. La CNT se desmarcó: sus dirigentes se dirigieron a Comandancia Militar asegurando que pedirían a sus afiliados que volvieran al trabajo. Una delegación de la Alianza Obrera se entrevistó con Companys, quien aseguró que proclamaría el Estat Català.

A las 20:00 horas, Companys salió al balcón de la Generalitat para leer una declaración: rompía toda relación con «las instituciones falseadas», asumía todos los poderes, proclamaba el «Estat català en la República federal espanyola», e invitaba a formar allí el gobierno provisional de la federación. De hecho, en ese momento Manuel Azaña estaba en Barcelona. Nada más terminar su discurso, Companys comentó: «¡A ver si ahora diréis también que no soy catalanista!».

Estado de guerra

A esa misma hora Batet habló por teléfono con Lerroux. El presidente del Gobierno le anunció la decisión de declarar el estado de guerra y puso en sus manos elegir el momento más oportuno. Poco después, Companys ordenó a Batet que se pusiera a sus órdenes. La respuesta fue publicar el estado de guerra. Lerroux se dirigió a los españoles por radio a las 22:00 para anunciar que acabarían con la «locura separatista». En distintos puntos de la ciudad, las fuerzas de Dencàs atacaron instalaciones militares, y se combatió en algunos edificios dominados por los Somatens y el Estat Català. Sobre las 2:30 o 3:00 de la madrugada ya no había focos de insurgencia.

El lugar decisivo fue la Plaza de la República, donde estaban la Generalitat y el Ayuntamiento. El comandante Unzué, mandado por Batet, se entrevistó con Pérez Farràs, comandante de los Mossos a las órdenes de Companys. Los golpistas dispararon entonces, causando la muerte de un capitán y varios heridos. Por Vía Layetana apareció un contingente de ciudadanos armados para apoyar el golpe. Unzué aseguró la zona y comenzó el asedio de los edificios oficiales con artillería, ametralladoras y fusilería. Sin embargo, Batet no quiso entrar a sangre y fuego. Prefirió esperar a que Companys fuera consciente de su fracaso y se entregara.

A las 6 de la mañana del 7 de octubre, Companys telefoneó a Batet para anunciarle su rendición. El comandante Unzué entró en la Generalitat y detuvo a todos los miembros del gobierno menos a Dencàs, quien había huido por las alcantarillas. A la vez, el Ayuntamiento, dirigido por el izquierdista Pi y Suñer, adherido a la insurrección, se rindió y fueron detenidos los regidores. El golpe había fracasado, pero la República quedaba tocada de muerte.

Lluís Companys (en la imagen, tercero por la izquierda), rodeado de miembros del Gobierno catalán, en la cárcel tras el golpe fallido
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El Betis tuvo que esperar a la prórroga para darle la vuelta a la ronda de cuartos de la Copa de Rey (3-1) y logró sortear el penúltimo obstáculo hacia la final que se disputará en mayo en el estadio Benito Villamarín, a lo que ya no aspira un Español que jugó todo el tiempo extra en inferioridad.

El equipo espanyolista estuvo muchos minutos en las seminales, cuyo sorteo se celebrará el viernes en este mismo escenario, aunque un tanto del argentino Giovani Lo Celso en la segunda parte equilibró el del brasileño Leo Baptistao en la primera y ya en la prórroga Sergio León y el argelino Aïsa Mandi pusieron el 3-1 definitivo.

Las cuentas estaban claras desde el inicio. Al Betis, tras en 1-1 y la ida de hace una semana en Barcelona, le valía dejar su puerta a cero para estar en las semifinales y el Espanyol necesitaba marcar en el Villamarín.

El entrenador de los verdiblancos, Quique Setién, de entra hizo una novedosa disposición táctica con el centrocampista mexicano Andrés Guardado, quien se situó en el lateral izquierdo ante la ausencia por lesión de los dos hombres habituales en esa zona, Júnior Firpo y Cristian Tello, éste tras sufrir una dolencia muscular en el entrenamiento del martes.

El técnico de los pericos, Joan Francesc Ferrer 'Rubi', dispuso de tres jugadores en la delantera, el argentino Pablo Piatti, el brasileño exbético Leo Baptistao y Borja Iglesias, sin esconder su intención ofensiva, aunque también con rápidos repliegues cuando el rival tenía el balón.

El Betis maduró el partido sin destapar en demasía su defensa, prioridad en este partido, y con la idea de sorprender en alguna contra, pero fue el Espanyol el que estuvo muy cerca de lograr su objetivo cuando en el minuto 23 Leo Baptistao se encontró, en ,un remate solo en el área chica, con el larguero de la meta que defendió Joel Robles cuando lo más fácil era meterla.

Esta acción alertó a los locales, que le dieron algo más de velocidad a su juego e incrementaron la presión para que el adversario no fuera tan protagonista, aunque esa reacción no fue suficiente para que Baptistao, en una jugada a balón parado, no desaprovechara su segunda oportunidad y, de cabeza, lograra el 0-1 rebasada la media hora.

La formación sevillana no tuvo más remedio que irse con todo hacia al ataque, ahora para igualar la eliminatoria con un nuevo empate a uno, pero entonces ya el conjunto barcelonés tampoco tuvo reparos para defender con contundencia e irse al descanso con el 0-1 que le daba provisionalmente el pase.

En la segunda parte, el Betis salió con ganas hacia la portería que defendió Roberto Jiménez, pero el Espanyol no quiso atrincherarse y se le vio con intenciones de defender lejos de su área y también buscar el segundo.

Los locales vieron como a los 53 minutos tuvo que retirarse lesionado el centrocampista portugués William Carvalho y por él entró Joaquín Sánchez, al que se unió poco después un delantero, Segio León, para potenciar un ataque donde el joven mexicano había participado poco.

Fue el propio Sergio León el que poco después de ingresar tuvo una oportunidad muy clara para el empate, pero Roberto le adivinó la intención y mandó el balón a córner.

Esa jugada, no obstante, espoleó al Betis, que ahora sí atosigó la meta visitante y puso en muchos aprietos a su rival en la defensa de la mínima ventaja.

El tanto bético se veía venir más por insistencia que por acierto y llegó en el minuto 76 obra del argentino Giovani lo Celso, lo que igualó la eliminatoria con un cuarto de hora por delante de los noventa reglamentarios.

El equipo andaluz quiso aprovechar la inercia para no llegar ni a la prórroga ante una formación catalana muy agazapada e imprecisa, que al menos forzó el tiempo extra aunque con diez jugadores sobre el terreno al ver Marc Roca la segunda tarjeta amarilla en la prolongación de los primeros noventa minutos.

Si antes el Espanyol se había mostrado muy inferior en el tramo final, en la prórroga, con uno menos, estuvo a merced del Betis, que le dio la vuelta al marcador y a la eliminatoria con un tanto de Sergio León y que remató el argelino Aïsa Mandi con el tercero antes de que acabara la primera parte del tiempo añadido, con los que el resto del choque ya fue una fiesta verdiblanca.

- Ficha técnica:

3 - Betis: Joel Robles; Francis, Mandi, Bartra, Sidnei, Guardado (Javi García, m.103); Sergio Canales, Willian Carvalho (Joaquín, m.55), Lo Celso; Diego Lainez (Sergio León, m.61) y Loren Morón.

1 - Espanyol: Roberto; Rosales, Lluís, Hermoso, Javi López; Marc Roca, Víctor Sánchez, Melendo (Granero, m.68); Baptistao (Darder, m.95), Piatti (Sergio García, m.81) y Borja Iglesias.

Goles: 0-1, M.33: Leo Baptistao. 1-1, M.76: Lo Celso. 2-1, M.95: Sergio León. 3-1, M.99: Mandi.

Árbitro: Ricardo de Burgos Bengoetxea (Comité Vasco). Expulsó por dos amarillas al espanyolista Marc Roca, quien las vio en los minutos 58 y 93+. Además, amonestó a los visitantes Hermoso (m.13), Rosales (m.85), Granero (m.87), Baptistao (m.90), Sergio García (m.92), y a los locales Lainez (m.35), Lo Celso (m.51), Mandi (m.72), Canales (m.91) y Francis (m.115).

Incidencias: Partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio Benito Villamarín ante unos cuarenta mil espectadores. Una débil lluvia estuvo presente horas antes del partido, aunque el césped aguantó bien. E

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